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Vipassana: un antes y un después

Hace una semana viví 10 días en completo silencio. Diez días que marcaron un antes y un después en mi vida: mi primer retiro Vipassana. Decidí escribir sobre ello porque, si este texto despierta la curiosidad en alguien y lo anima a vivirlo, sentiré que habré aportado algo valioso. De corazón pienso que todas las personas que están en un camino de autoconocimiento, sanación y espiritualidad deberían permitirse esta experiencia al menos una vez en la vida.

Pero, ¿qué es Vipassana? Es nada más y nada menos que la técnica de meditación con la que Siddharta Gautama, el Buddha*, alcanzó la iluminación hace 2,500 años. Durante toda su vida enseñó esta práctica como un camino universal, abierto a cualquier persona, sin importar religión, cultura o época.

La práctica permaneció preservada en su pureza original en Birmania durante siglos, hasta que a mediados del siglo XX comenzó a compartirse nuevamente en todo el mundo.

Para mí fue muy emocionante darme cuenta de que estaba aprendiendo un método paso a paso, legado por alguien que alcanzó el estado más puro de conciencia y que fue preservado para que cualquier persona pudiera recorrer ese mismo sendero. 

Saber que todo esto se mantuvo resguardado, generación tras generación, durante 25 siglos. ¡Simplemente me parece fascinante!

Nota: a lo largo de la historia han existido muchos Buddhas, porque Buddha no es una persona, sino un estado: el de iluminación.

Y a todos esto, ¿qué es la iluminación?
El término “iluminación” surge de la idea de que, al despertar espiritualmente, la luz de la conciencia se enciende dentro de la persona. Esa luz revela lo que antes estaba oculto: miedos, apegos, patrones inconscientes. 

La iluminación es, entonces, el proceso de iluminar las sombras de la mente, trayendo lo inconsciente a la conciencia y aprendiendo a ver la realidad tal y como es, sin engaños ni ilusiones.

Este estado ha sido reconocido en distintas culturas. Cuando un ser humano alcanza el más alto grado de despertar espiritual, recibe un nombre que trasciende a la persona.

  • Siddhartha Gautama, al alcanzar la Budeidad, se convirtió en el Buddha.
  • Jesús de Nazaret, al encarnar la Cristiandad, se convirtió en el Cristo.
  • Ce Ácatl Topiltzin, en el mundo nahua, al unir lo humano y lo divino, se convirtió en el Quetzalcóatl.

Distintos nombres, un mismo estado: la plenitud de la conciencia y del espíritu en la experiencia humana.

La práctica del Vipassana
“Vipassana” significa ver las cosas tal como son. Es una técnica de autoobservación que comienza con la atención en la respiración (Ānāpāna) y, poco a poco, se profundiza en la observación de las sensaciones en el cuerpo (Vipassana).

Al entrenar la mente para observar sin reaccionar, uno descubre directamente la ley universal de la impermanencia (anicca): todo surge y todo pasa. Al experimentar esta verdad en el propio cuerpo, surge la ecuanimidad, que nos libera del hábito de reaccionar con apego o aversión ante lo que vivimos.

Los diez días de un retiro Vipassana son apenas el inicio de un largo camino. Ahí aprendes cómo recorrerlo; después, depende de tu dedicación seguir practicando y profundizando para acercarte cada día más a este estado de claridad y libertad interior.

El retiro

La estructura del retiro es de 10 días completos en silencio. Se le llama noble silencio: nada de hablar, escribir, leer o usar dispositivos electrónicos. 

Cada día se medita alrededor de 10 horas, con descansos intermedios, comidas vegetarianas y charlas explicativas que guían el proceso. La disciplina estricta es una oportunidad de liberar a la mente de distracciones y permitirle ir más profundo.

Las enseñanzas se reciben a través de las lecciones grabadas de S. N. Goenka, quien dedicó su vida a difundir la técnica de Vipassana en todo el mundo. Al final de cada día, sus palabras y cantos guían la comprensión de lo que se está practicando, lo cual da mucha claridad y sentido a la experiencia.

Durante el curso, hombres y mujeres permanecen separados: cada género tiene su propio dormitorio, baños, zonas de descanso, comedores y senderos, divididos por una línea de árboles altos que marcan los límites. Solo se comparte el Dhamma Hall, el salón de meditación, aunque ahí también se mantiene la división entre ambos lados.

Además, hay un maestro y una maestra disponibles para resolver dudas en los breves momentos designados. Los hombres se acercan al maestro, y las mujeres a la maestra, asegurando así un acompañamiento respetuoso y ordenado en el proceso.

💡 Algo muy especial de Vipassana es que no tiene costo. Nadie paga por asistir. Al final del curso, únicamente si completaste los 10 días, puedes dejar una donación voluntaria para apoyar a que otros tengan la misma oportunidad. Y si no tienes dinero, también puedes regresar como voluntario a “servir” en el retiro, lo cual en sí mismo es otra forma de práctica valiosa.

Vipassana en México
En nuestro país existe un centro hermoso cerca de Valle de Bravo, rodeado de bosque, donde se imparten retiros de Vipassana durante todo el año. También se realizan cursos en otros lados de la República. 

El calendario y las inscripciones están disponibles en la página oficial: dhamma.org/en/schedules/schmakaranda.

Pero si no estás en México, no te preocupes: hay centros de Vipassana en todo el mundo. Solo entra a la página principal dhamma.org y ahí podrás buscar cursos y sedes por continente o país.

💡 Un tip importante

Si es tu primera vez y quieres asegurar tu lugar, aquí va mi mega tip: el día que abren las convocatorias, pon una alarma antes de las 4:00 am. Exactamente a esa hora se liberan los registros y se llenan rapidísimo. Yo lo que hice fue actualizar la página varias veces a partir de esa hora hasta que me apareció como abierta (alrededor de las 4:03 am) y en ese momento llené mi solicitud.

Además, si tienes alguna lesión en la espalda, cuello o rodillas, puedes pedir una silla para meditar. Y no te preocupes: no son 10 horas seguidas. Hay descansos, pausas cada hora y media o dos, y espacios para caminar. Yo llevaba 14 años sin meditar y aun así logré hacerlo.

Mi experiencia

Hoy, una semana después de haberlo concluido, puedo decir que Vipassana fue un parteaguas en mi vida. Me enseñó que la verdadera libertad no está afuera, sino en aprender a observar lo que surge en la mente y en el cuerpo, y en vivir con mayor claridad, paz y compasión.

Recuerdo que en el día 8 ya no soportaba más el ruido que hacía la persona sentada junto a mí: tenía la maña de chocar una uña con la otra, y llevaba ocho días escuchando ese sonido, diez horas al día. Fue entonces cuando entendí que esa era mi práctica: observar las sensaciones en mi cuerpo, ver cómo el enojo surgía, se intensificaba y finalmente se disolvía. Ahí comprendí lo que Goenka repetía una y otra vez: anicca, anicca… todo cambia, todo pasa.

Ahora que estoy fuera del retiro, practico Vipassana una hora al día. Mi meta es llegar a dos horas (una por la mañana y otra por la tarde), además de intentar mantener la atención en las sensaciones de mi cuerpo a lo largo de las actividades diarias. Es un desafío, pero también un recordatorio constante de que la práctica no termina en el retiro, sino que se convierte en un estilo de vida.

Si sientes el llamado, date la oportunidad: regálate 10 días de silencio y escucha lo que tu interior tiene para decirte. Puede que, como a mí, te cambie la vida. 🌿✨

Liliana Muñoz Tezcameztli
Magia Elemental

Publicado en Magia Elemental

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