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La rutina también puede ser un camino a la espiritualidad

La espiritualidad, ese despertar espiritual del que se habla, no es un momento y ya en ese instante todo cambia, es un proceso, es un trabajo continuo que implica reconocerte (volverte a conocer) y reconocer el mundo a tu alrededor.

Vivimos en automático hasta que… algo se acaba, algo se sale de nuestro control, algo nos cambia el panorama. La salud, una relación, la paz interior, un proyecto fallido. Entonces, en medio del dolor, encendemos una vela, buscamos un retiro, susurramos una plegaria, buscamos soluciones inmediatas. Cuando en realidad lo que necesitamos es un entrenamiento previo y constante para afrontar esos momentos. Ese “entrenamiento” es la espiritualidad.

Nada es permamente, todo cambia. 

La espiritualidad no debería ser solo una herramienta de emergencia sino la manera en la que se vive. La espiritualidad es conexión. Es la conciencia de que cada acto, por pequeño que sea, te vincula con algo más grande que tú. Te hace sentir acompañado, te impulsa a buscar algo más allá de lo superficial (es el llamado del alma que ya hablamos en otro artículo) entender que somos parte de un todo, no el centro del universo.

La Cábala al hablar de espiritualidad habla de un proceso de restablecer la conexión consciente (Hebreo: Devekut) entre la chispa divina individual (el alma) y su Fuente infinita (Dios, el Ein Sof), mientras se cumple un propósito cósmico único: la reparación del mundo (Hebreo: Tikkun Olam).

Ya hablaremos del Tikun Olam en otro artículo.

Ser espiritual no es un escape de la vida diaria, es muy sencillo cuando vas a un retiro o la clase de meditación encontrar ahí la paz y la conexión con lo divino pero qué pasa cuando regresas y tienes que pagar la cuentas o enfrentarte a tu jefe. Ser espiritual es vivir así y llenar lo mundano con lo sublime. No necesitas un ashram en el Himalaya. Tu templo es aquí. Tu retiro es ahora. En el café de la mañana, en el tráfico de la tarde, en la ducha de la noche.

Para este “entrenamiento” necesitamos herramientas prácticas que conecten nuestro mundo interior con el exterior, que nos ayuden a encontrar el infinito en lo finito. 

Tres conceptos hebreos fundamentales que nos guían son: Emuná, Meod y Kavaná.

Ya hablamos en otros artículos de Emuná (certeza) y Meod (tu fuerza). Ahora hablaremos de Kavaná (intención). 

Emuná (Certeza) es la base: Es la convicción interna, la fe como certeza absoluta de que hay una realidad superior y un propósito divino en todo. Es la brújula que nos orienta hacia el Norte Verdadero. Sin Emuná, la fuerza (Meod) y la intención (Kavaná) carecen de dirección.

Meod (Fuerza) es el motor: Es la aplicación de toda tu energía y pasión en la dirección que marca la Emuná. Es la potencia del “con todo tu corazón, con toda tu alma y con todas tus fuerzas” (Deuteronomio 6:5). Sin Meod, la certeza (Emuná) se queda en una idea abstracta y la intención (Kavaná) se diluye.

Kavaná (Intención) es el puente: Es el canal consciente que une la Emuná (tu verdad interior) con el Meod (tu fuerza exterior) para manifestarse en un acto concreto. Es el momento crucial donde la conciencia se imprime en la acción. Es el arte de vivir a propósito. Es el poder que tenemos para convertir cada momento, por pequeño que sea, en un acto de conciencia y conexión. No se trata de hacer cosas diferentes, sino de hacerlas con una conciencia diferente.

Cuando haces las cosas con Kavaná la espiritualidad deja ser fe.
Fe es pensar que algo más viene a salvarme, que necesito intermediario para conectar con la Luz. Espirtualidad es el trabajo que deberíamos de hacer si de verdad queremos restablecer la conexión y eso por más fuerza y certeza que tengamos no se va a lograr si no hacemos algo nosotros.

La palabra Kavaná (o kavanáh) es un término hebreo que proviene de la raíz kivun (dirección) significa dirigir” o “apuntar”. Se traduce comúnmente como “intención”, pero en la tradición judía va más allá: es la concentración consciente y el propósito del corazón que se infunde en los actos del ser humano. 

Estos actos si los menciona la tradición como religiosos por ejemplo el rezo. Cuando estamos orando o rezando a veces se hace en automático sin darle la importancia al rezo o pensando que solo por decir una oración ya es como marcar el número del cielo y las cosas se cumplen en automático. Lo mismo pasa si haces afirmaciones, si pones un altar o traes un amuleto y crees que esas herramientas son las que hacen el cambio.

La Cábala nos dice que poner esa atención es necesaria también en la vida diaria, no separa la parte espiritual de la material, no separa los actos de conexión con el la luz con los actos del cuerpo, de lo material lo que nos hace humanos.

La Kavaná, la intención, que ponemos es para transformar acciones mecánicas en experiencias espirituales significativas. ¿Para qué? para conectar con tu alma, para reconectarnos con la Luz del Creador y para vivir una vida plena y no una vida administrativa.

Vivir con Kavaná “mejora” tu espiritualidad y reconfigura tu esencia. 

Ya habíamos hablado también de los niveles del alma, ahora vamos a ver como la Kavaná ayuda a esos niveles a elevarse y los vuelve y nos vuelve personas verdaderamente espirituales.

Para tu Nefesh (Alma Vital): Conecta lo Físico con lo Divino

Al comer con Kavaná, bendiciendo, agradeciendo y disfrutando conscientemente, transformas el alimento físico en energía espiritual.

Dejamos de vivir la comida como un acto administrativo. Tu alma animal (deseos, instintos) se sublima, no se reprime. No tenemos porque sentirnos mal por los deseos de comida por ejemplo que tenemos. 

Para tu Ruaj (Alma Emocional): Purifica Tus Emociones

Cuando hablamos, cuando pensamos y nos relacionamos con Kavaná hacemos concientes nuestras emociones y las purificamos. Nos podemos enfocar en el significado de cada palabra, purificas tus emociones (amor, temor, alegría).

Desarrollamos claridad emocional. La ansiedad pierde poder porque tu Ruaj se alinea con lo eterno, no estas solo.

Para tu Neshamá (Alma Divina): Activa tu Chispa Superior

Al actuar con Kavaná, tu Neshamá se revela y guía tu vida. Le das espacio y oportunidad para que hable y te guíe.

Dejas de vivir en modo reactivo (como un efecto) y pasas al modo causal (eres causa de tu realidad).

No se trata de QUÉ haces, sino del PORQUÉ y el CÓMO lo haces.

Lavar los platos puede ser una carga pero si lo haces con Kavaná podrá ser un acto donde honras que tu hogar tiene alimentos. Se vuelve un acto de agradecimiento y de amor.  

Comer para saciar el hambre porque necesitas combustible para tu cuerpo, si lo haces con Kavaná se puede convertir en un rtiual de agradecimiento al Creador por que comparte con nosotros su creación y un acto de amor a tu cuerpo que te permite vivir una vida plena.

El Baal Shem Tov enseñaba que “Dios no necesita tus actos perfectos, necesita tu corazón presente en ellos”. La Kavaná es ese corazón presente.

La Kavaná no es para iluminados, es para humanos. Para los que tenemos prisa, nos distraemos y a veces nos rompemos.

Vivir con Kavaná es vivir la vida y no dejar que la vida te viva. Sin ella, tu Nefesh sobrevive, pero tu Neshamá se adormece. Con ella, cada acto, desde comer hasta trabajar, se convierte en un acto de creación consciente.

¿Por qué hacer las cosas con Kavaná?
Porque tu alma no vino al mundo para cumplir, sino para crear con Dios.
Y la Kavaná es tu llave para ese co-creación.

«Ser Causa y no Efecto.»

Shalom
Vicky Flores
Directora del Instituto de Tradiciones Comparadas

Publicado en Cábala

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